La corta selectiva de pinos como estrategia preventiva frente al fuego en monte vecinal
La comunidad de montes de Olvega ha dado un paso relevante al autorizar la corta selectiva de pinos en varias parcelas de su término municipal. La medida, aprobada tras meses de deliberación entre los comuneros y los técnicos que asesoran a la agrupación, persigue un objetivo claro: reducir la carga de combustible vegetal en zonas donde la masa forestal se ha vuelto demasiado densa y homogénea, condiciones que multiplican el riesgo de incendios durante los meses secos del verano castellano. El Mercado De Abastos De Muros Renueva Sus Puestos Con Fruterías Y Pescaderías Locales.
La decisión se inscribe en una tendencia creciente en muchas regiones del interior y noroeste peninsular, donde las masas de coníferas adultas han alcanzado densidades que dificultan la regeneración natural del suelo y favorecen la propagación del fuego a gran velocidad. Aunque la autorización afecta concretamente a montes de la provincia de Soria, su eco ha llegado a territorios como la Barbanza gallega, donde ayuntamientos, comunidades de montes y brigadas vecinas trabajan desde hace años en planes de defensa similares que buscan compatibilizar el aprovechamiento maderero con la conservación del paisaje.
El acuerdo de Olvega contempla la extracción de pies adultos en superficies acotadas, respetando rodales de árboles jóvenes, zonas de ribera y áreas con presencia de especies protegidas. Los trabajos se ejecutarán fuera de los periodos de nidificación y se comunicarán previamente a la Consejería de Medio Ambiente, siguiendo los protocolos vigentes para este tipo de intervenciones. La fórmula combina renta para los vecinos con una mejora tangible de la resistencia del ecosistema ante el fuego.
El acuerdo vecinal y su contexto administrativo
La autorización parte del pleno ordinario de la junta rectora de la comunidad, que rige un patrimonio forestal históricamente vinculado al pueblo de Olvega desde los antiguos libros de aprovechamientos vecinales. En la sesión, los representantes eligieron tres zonas prioritarias donde la densidad de pinos supera los mil quinientos pies por hectárea, muy por encima de las recomendaciones selvícolas actuales. La propuesta llegó acompañada de un informe técnico elaborado por un ingeniero de montes ajeno a la agrupación, lo que aportó una base objetiva al debate interno.
El documento señala que la masa actual tiene más de cuarenta años de edad media, procede de repoblaciones realizadas a mediados del siglo pasado y carece prácticamente de sotobosque útil, colonizado en gran parte por un matorral pirófilo muy inflamable. Esta configuración, explican los especialistas consultados, favorece los grandes incendios de superficie, donde las llamas pueden saltar de copa en copa formando verdaderos cortafuegos verticales. Por ello, abrir claros estratégicos y crear discontinuidades lineales se ha convertido en una herramienta habitual en la defensa contra el fuego.
El régimen administrativo de los montes vecinales en mano común, heredero de las tradiciones comunales castellanas y gallegas, exige este tipo de acuerdos asamblearios para cualquier intervención que supere las cortas de mantenimiento ordinarias. En la Barbanza son varias las comunidades de montes que han recorrido un camino parecido en los últimos años, entendiendo que la gestión activa del pinar es la única vía para evitar las grandes catástrofes que han asolado montes gallegos en décadas recientes.
Criterios técnicos de la corta selectiva
La intervención prevista en Olvega responde a lo que los selvícolas denominan tratamiento silvícola de mejora, una categoría que incluye claras, resalveos y entresacas reguladas. La diferencia con una tala rasa convencional es esencial: en lugar de eliminar la totalidad de los árboles de una parcela, se retiran solamente los pies dominantes en peor estado fitosanitario, los que presentan signos de decaimiento o los que generan excesiva competencia por luz y nutrientes. El resultado es un pinar más abierto, con árboles mejor conformados y una regeneración natural más equilibrada.
Los técnicos han planificado la actuación sobre cartografía detallada, identificando manualmente cada uno de los árboles a extraer mediante pintura y coordenadas GPS. El criterio de selección combina parámetros dasométricos, sanitarios y ecológicos, procurando siempre que los pies restantes dispongan de espacio suficiente para desarrollar sus copas sin tocarse entre sí. Este tipo de operaciones se complementa con la poda baja de ramas, la retirada de restos finos y el triturado de los residuos que no se destinan a venta, medidas que reducen aún más la inflamabilidad del conjunto.
La planificación contempla también una red de áreas sin intervención deliberado, reservadas como refugio de fauna y como reservorio de semillas para futuras regeneraciones. Con ello se salvaguarda la biodiversidad del monte, incluidos los nidos de rapaces protegidas, las zonas de madriguera de micromamíferos y los enclaves húmedos donde se concentra mayor variedad botánica. La experiencia acumulada en montes catalanes, valencianos y extremeños confirma que las cortas selectivas bien diseñadas son compatibles con la conservación ambiental.
Aprovechamiento económico y dinamización rural
Uno de los aspectos que ha pesado más en la decisión de los comuneros de Olvega es la rentabilidad esperable de la madera extraída. Los pinos adultos en buen estado tienen salida comercial para sierra y tablero, mientras que los pies afectados por plagas o los de menor diámetro se destinan a trituración para biomasa o a pasta de papel. Esta vía de ingresos complementa otras partidas habituales de las comunidades de montes, como los aprovechamientos de leñas, pastos, setas o miel, que constituyen el sostén económico de muchos pueblos del medio rural.
El trabajo de apeo, desramado, saca y carga se encomienda preferentemente a empresas locales o a cuadrillas vecinales convenientemente formadas, lo que contribuye a fijar población y a mantener oficiosforestales en activo. En comarcas de montaña con poca industria, estos ingresos complementarios pueden suponer una parte significativa del presupuesto familiar durante los meses de invierno. La gestión colectiva del monte funciona, en este sentido, como un pequeño fondo comunitario que financia caminos, fuentes, áreas recreativas o ayudas sociales según los estatutos de cada agrupación.
La conexión entre gestión forestal y actividad económica cobra especial importancia en zonas donde la despoblación ha incrementado la cantidad de parcelas abandonadas. Un monte ordenado, explican los ingenieros consultados, es un monte vivo, con vigilancia permanente, con continuidad de usos y con propietarios o comuneros interesados en su cuidado. Por el contrario, la ausencia de intervención durante décadas acumula combustible y degrada el suelo, abriendo la puerta a incendios devastadores que borran en pocas horas el trabajo de generaciones.
Impacto ecológico y prevención activa de incendios
Reducir la densidad del pinar tiene consecuencias que van mucho más allá de la mera apertura de claros. Cuando los árboles reciben más luz y menos competencia, sus raíces exploran horizontes más profundos, su corteza se engrosa y su resistencia natural al fuego aumenta. El microclima interior del bosque se vuelve más húmedo, favorece la aparición de un sotobosque diverso y reduce la presencia de especies pirófitas. Los hongos micorrícicos, asociados a las raíces de los pinos sanos, proliferan en suelos menos compactados, mejorando la nutrición mineral de toda la comunidad vegetal.
En el plano hidrológico, los bosques bien gestionados actúan como auténticas esponjas, regulando la escorrentía, reduciendo la erosión y protegiendo los cauces estacionales. Esto es especialmente relevante en cuencas pequeñas como las que rodean los municipios de la Barbanza, donde cada arroyo tributario desemboca en rías de enorme valor ecológico y pesquero. La prevención de incendios aporta, además, un beneficio indirecto en términos de calidad del aire, paisaje y oferta turística, variables todas ellas determinantes para la economía costera gallega.
Las estadísticas históricas muestran que los grandes incendios de la última década han afectado sobre todo a masas de pino abandonadas o mal gestionadas, mientras que los montes con aprovechamientos regulares presentan históricamente una incidencia muy inferior. La razón es sencilla: la presencia humana, las labores periódicas y la vigilancia cotidiana constituyen la mejor barrera contra la propagación del fuego, complementaria a las infraestructuras lineales y a los retenes profesionales.
Paralelismos con la gestión forestal gallega
Aunque la autorización concreta se refiere a montes sorianos, su filosofía encaja con muchas de las estrategias que las comunidades de montes gallegas vienen aplicando desde hace años. Municipios como Boiro, Ribeira o Noia cuentan con ordenaciones propias que combinan cortas selectivas, apertura de fajas auxiliares de pista, mantenimiento de puntos de agua y construcción de pequeños cortafuegos. En estos casos, la colaboración entre el Servizo Forestal de la Xunta, las entidades locales y las comunidades vecinales ha dado resultados visibles, con una notable reducción de la superficie quemada en los últimos lustros.
La transferencia de buenas prácticas entre territorios se ha visto favorecida por la Red de Espacios Forestales de Galicia, que promueve intercambios técnicos, jornadas formativas y proyectos piloto de selvicultura adaptativa. Iniciativas similares existen en Asturias, Cantabria y Castilla y León, conformando una red informal de aprendizaje mutuo que fortalece la resiliencia del norte peninsular ante el cambio climático. La inauguración reciente de recintos como el mercado de abastos de Muros, dedicado a productos agroalimentarios locales, demuestra que la vertebración rural pasa también por acercar la oferta del campo a los núcleos de población.
La comunidad olvegueña se ha sumado a este flujo de conocimiento invitando a técnicos gallegos y asturianos a participar en sus asambleas, interesándose por la redacción de los estatutos de sus homólogas atlánticas y estudiando fórmulas de cooperación intermunicipal que podrían replicarse en otras regiones. Esta apertura constituye, probablemente, la mejor herencia del proceso abierto por la autorización de la corta.
Participación vecinal y transparencia en la gestión del monte
El éxito de cualquier intervención forestal depende en buena medida del grado de implicación de los vecinos. En Olvega se ha cuidado especialmente el procedimiento asambleario, publicitando la convocatoria del pleno, difundiendo el informe técnico en los canales habituales del pueblo y abriendo un turno de intervenciones en el que pudo participar cualquier comunero empadronado. Esta metodología, elogiada por los asistentes, contrasta con antiguos modelos en los que las decisiones se tomaban exclusivamente por los rectores designados, lo que generaba rechazo y opacidad.
Una gestión transparente se traduce en cumplimiento voluntario de las normas, en mayor vigilancia del monte y en una relación más armónica entre los aprovechamientos y la conservación. Cuando los vecinos entienden qué se va a hacer, por qué motivos y en qué plazos, disminuye la conflictividad y se facilita el seguimiento posterior de los trabajos. Las comunidades de montes de la Barbanza aplican criterios similares en sus ordenanzas internas, conscientes de que un monte cuidado por todos es mucho más difícil de incendiar que uno meramente custodiado por guardas o brigadas estacionales.
A través de canales digitales, boletines comarcales y reuniones abiertas se está tejiendo, poco a poco, una cultura forestal común que entiende la prevención como tarea compartida. Esta sensibilidad resulta imprescindible ante escenarios climáticos cada vez más adversos, donde la combinación de calor extremo, sequías prolongadas y tormentas estivales obligará a redoblar los esfuerzos coordinados entre administraciones, propietarios y ciudadanos.
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